Canto a mi mujer orgánica

En el post de hoy, comienzo con un canto a mi mujer orgánica, la mujer que soy, que quiero ser y quiero proyectar…llena de vida.

“Mujer orgánica soy, vida recorriendo mi cuerpo.

A veces el río de la vida circula subterráneo paseándose entre las raíces, buscando el silencio, la calma y la paz de la profundidad, absorbiendo nutrientes en la oscuridad donde pareciera que se para el tiempo, tomando  fuerza y  conocimiento de la tierra y sus ciclos, deviniéndome en mujer raíz, agudizando el instinto y el olfato.

Absorbo la savia,  se llenan de vida mi sexo y mis caderas, reconozco ese lugar transcendente útero cueva,  siento el latir de los miles de huevos que me habitan y me susurran creaciones.

Honro la sangre que me regenera y me hace mujer, la siento deslizarse caliente entre mis piernas, la canto y la ofrezco a la tierra y a las plantas  como plegaria por lo que tiene que morir o por los anhelos que esperan ser creados.

Recuerdo a las que vinieron antes y se unen en mi oración como mantenedoras de la vida.

Me desprendo de lo estricto, de lo que sobra, me regenero en mi ciclo de luna roja  y  siento mis músculos preparados para emerger a la superficie, renovada,  joven y alegre como primavera.

La chispa que crea, late impetuosa.

Quiero expresarme en danza  salvaje, correr desnuda por el bosque, revolcarme en la hierba, bañarme en las aguas vivas y frescas, sentir la organicidad de mi cuerpo, sacudir el aturdimiento de la domesticación.

Respiro, huelo, toco, grito, aúllo.

Soy la chispa que impulsa mis creaciones”.

La mujer llamada primitiva, primigenia, orgánica, es una parte de todas las mujeres que es espontánea, libre, desinhibida, cercana a la vitalidad de la naturaleza, intrépida y desvergonzada.

Gran parte de nuestra tarea es reconectar con esta mujer, sin la cual nada ocurre, está en nuestro cuerpo, este cuerpo que es un templo y contiene toda la sabiduría que siempre estamos buscando fuera, y  en la medida que estamos conectadas y presentes, esto se hace una realidad.

Observando la naturaleza, que es una gran maestra, podemos aprender mucho y vemos que cualquier planta tiene una vida subterránea y  cuánto más sólida y más profunda es esta raíz más fuerte y rebosante de vida está la planta y esa vida subterránea en la mujer es fundamental. Por eso este canto a la mujer orgánica que soy, a las mujeres que sois…encontrarlas, fluir con ellas,sin miedo y con total libertad.

Las raíces profundas están aquí, en nuestros ovarios, vulva y útero, donde se mantiene el fuego de nuestro caldero, dónde se cocina, se destila y alquimiza nuestra vida y dónde  hay una inmensa sabiduría que necesitamos recordarnos con Dignidad y Sacralidad.

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