Tiempo de recogimiento 

De la nada se crea la vida, y para que se siga creando,  hay que volver a la nada. Poco a poco nos vamos otoñando 

Hay un otoño en la naturaleza donde la energía se repliega hacia el interior. Y en nuestra existencia es lo mismo; Mi conciencia también necesita esa parte de oscuridad, de interiorización, de silencio, de recogimiento.

  Un  tiempo y espacio  de vacío para  descomponer, triturar, pudrir lo que ya no sirve,  lo que está listo para morir,  para transformarlo en algo rico que alimente nuestra vida. Y ahí va a aparecer nuestra capacidad de emplear las energías de transformación, nuestra  alquimista interna.

Las preguntas en las profundidades, ¿Cuál es mi verdadero rostro?, ¿Quién soy yo realmente?, ¿Qué está listo para soltar?  Nos muestran una parte de nosotras que está más pegada al hueso,  que es más esencial, menos artificiosa y nos habla de que tenemos un lugar en el esquema universal que es mucho más amplio y que nuestra vida es más transpersonal de lo que aparentemente vemos, un viaje, un mito, una iniciación.

En esta etapa hay que sacrificar a la ingenua, que es incompatible con la oscuridad. Es el tiempo de la luna oscura,  luna menguante. Tiempo donde se anuncian los finales. Aquí aparece Kali,  comedora de niños, esas etapas infantiles de nuestra vida que hay que destripar, desmenuzar, deglutir.

La Diosa Innana que baja a los inframundos, despojándose de todos sus ropajes, aderezos y  alhajas para quedarse desnuda frente a la puerta de entrada y  una vez dentro,   ser empalada hasta quedar solamente sus huesos.

Perséfone que toma de la granada, la semilla de la oscuridad, aceptando así su iniciación para bajar a los mundos subterráneos y encontrarse allí sola con los depredadores. Y Deméter, su madre, que aúlla de dolor por desprenderse de la hija a la que tanto ama y tan apegada está.

Aquí se rompe el ego, lo establecido, lo que has querido tapar y adornar en tu vida, a lo que has buscado justificación. Aquí ves tus sombras.  Y la hija se da a luz a sí misma y la madre también y se cierra el ciclo de dependencia.

Y comienza una nueva etapa en la aprendes a no juzgar, a no elaborar bien,  mal,  los opuestos se unen, no es bueno,  no es malo, solo Es.

Comprender que el mundo está dentro de mí y que todo lo que acontece en mi vida, es mío.

Y puedes sentir el dolor de la pérdida y todos los sentimientos que están ahí para ser vividos, pero la vida y la esencia continúan porque el hueso permanece.

En las profundidades  hay visión, instinto, éxtasis, compasión; Compasión por uno mismo, y luego por el resto del mundo.  Y si nos mantenemos el tiempo necesario en la oscuridad y  podemos masticar, digerir y transformar nuestra historia, nuestras heridas, nuestras cruces y encrucijadas, nuestras cicatrices, podremos hallar nuestra propia medicina.

Y cuando te recubres otra vez de tu carne, de ti y de todos tus atributos,  aunque sean simbólicos, hay una relación distinta con la vida, porque hay un distanciamiento, un respeto, una nueva mirada  y un profundo agradecimiento, en dónde no hay nada que cambiar,  ni modificar y todo es bendecido como presente.

Nos vamos otoñando para buscar en nosotras, para resarcinos, para limpiarnos y depurarnos.

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